BIOTERRORISMO

 

 

AUTOR: HÉCTOR CARMONA CASADO

Nº EXP: 01049

 

Prólogo:

 

No cabe duda de que el bioterrorismo y la guerra biológica son temas tan espinosos e importantes que requieren de un rigor muy elevado. El autor ha tratado de elaborar un trabajo lo más resumido posible, huyendo de desarrollos exhaustivos tanto en acontecimientos históricos, como en patologías de enfermedades, con el fin de que el lector no caiga en la desgana a la hora de leerlo. 

 

 

1.INTRODUCCIÓN:

 

EL bioterrorismo es una palabra de ferviente actualidad, tanto en medios de comunicación, como en nuestro lenguaje cotidiano, debido a sucesos recientes. Pero no es nueva. Se origina en EEUU que, desde hace años, denomina así a los posibles ataques terroristas utilizando material biológico. A partir de esa hipótesis, desarrolló mecanismos de control de ingreso, egreso y manipulación de microorganismos y sus productos que puedan ser utilizados potencialmente para esos fines.

Pero la utilización de esa palabra (bioterrorismo) deforma los hechos y entraña definiciones políticas útiles a ese país (y también a otras potencias). De este tema nos ocuparemos más adelante.

En realidad debiera hablarse de armas biológicas, que es la utilización con fines bélicos de microorganismos (bacterias, virus, hongos, parásitos, riquettsias, etc.) y sus productos. Armas que pueden ser usadas en guerras rápidas o de desgaste, atacando a seres humanos o a vegetales y animales (para destruir fuentes de abastecimiento), o simplemente para crear terror en la población civil o militar, afectando a la capacidad de combate y/o productiva del adversario y quebrando su voluntad de lucha. Los microorganismos utilizados pueden usarse tal cual se encuentran en la naturaleza (se habla entonces de procesos de baja tecnología, rústica o cruda) o modificados por métodos biotecnológicos hasta obtener gérmenes de características genéticas nuevas (alta tecnología).

Las armas biológicas son más “baratas”: se dice que afectar un kilómetro cuadrado sale dos mil dólares con armas convencionales, ochocientos con armas nucleares, seiscientos con armas químicas y un dólar con armas biológicas. Su facilidad de producción desde el punto de vista económico y tecnológico (en las llamadas rústicas), ha hecho que se las considere las bombas atómicas del tercer mundo. Pero, como veremos, esto es engañoso, porque los más importantes centros de investigación y producción los tienen las grandes potencias mundiales.

 

Debe decirse también, que desde la antigüedad se usaron materiales biológicos en la guerra, ya que persas y romanos buscaban contaminar fuentes de agua con animales muertos. Más cerca en el tiempo, fueron las grandes potencias las que las usaron. En las guerras entre Inglaterra y Francia, en el territorio de los actuales EEUU, los ingleses regalaban mantas contaminadas por enfermos de viruela para diezmar a las tribus aborígenes aliadas al adversario; método que también, se afirma, usaron los españoles en la conquista de América. Veremos todo esto con mayor detalle a continuación.

 

 

 

 

 

2.ARMAS BIOLÓGICAS Y BIOTERRORISMO A LO LARGO DE LA HISTORIA

La evolución histórica de las sociedades actuales se debe en gran parte a guerras, desarrollo tecnológico e integración de los diferentes grupos étnicos en sociedades. Sin embargo, a lo largo de la historia, distintas epidemias ocasionadas por agentes infecciosos han tenido un gran impacto en la conformación del mundo actual. Desde el punto de vista de la biología poblacional, la tasa reproductiva básica de una epidemia establece que la introducción y subsiguiente diseminación de un agente infeccioso en una población dependen de tres factores. El primero de ellos es dado por el riesgo de transmisión por exposición (tasa de ataque), el segundo por la frecuencia de la exposición por unidad de tiempo, y, por último, por la susceptibilidad de la población al agente en cuestión.

La conquista por el ejército español del Nuevo Mundo ejemplifica el efecto de la introducción de un agente infeccioso en una población susceptible. La diseminación del virus de la viruela entre las poblaciones susceptibles de los imperios Azteca e Inca tuvo un profundo impacto y fue un factor decisivo para facilitar la derrota de éstos. Por ejemplo, gracias a la epidemia de viruela entre los soldados del Imperio Inca, Francisco Pizarro, con sólo pocos soldados, fue capaz de derrotar al ejército de 80 000 soldados de Atahualpa(siglo V).

De la misma manera, las grandes transiciones demográficas en los tiempos modernos se han debido a las grandes epidemias ocasionadas por agentes infecciosos como la plaga bubónica. Las epidemias de peste, ocasionadas por Yersinia pestis, tuvieron un gran impacto en la humanidad. La primera de ellas  se inició en Egipto en 541 A.C. y acabó aproximadamente con 60% de las poblaciones en el norte de África, Europa y en el centro y sur de Asia. La segunda epidemia de peste ocurrió en Europa durante el siglo XIV (se inició en 1346) causando la muerte a entre 20 y 30 millones de personas.

La perversa idea de utilizar agentes infecciosos para efectos similares a los de las grandes epidemias ha sido considerada por el hombre desde hace muchos años y existen descripciones en distintos periodos de la historia. Es así como, durante la segunda pandemia de peste bubónica, se registra uno de los primeros eventos que puede ser considerado como bioterrorismo. En 1346, durante la invasión de la ciudad de Kaffa (actualmente Feodosia en Crimea), la Armada Tártara colocó los cadáveres de gente que había sucumbido por plaga en las entradas de la ciudad. La epidemia que se generó provocó la derrota de los defensores de la ciudad de Kaffa.

De forma similar la utilización del virus de la viruela de manera intencionada como arma biológica fue realizada por vez primera por el Ejército Británico en contra de los nativos norteamericanos entre 1754-1767. Los soldados del Ejército Británico distribuyeron mantas que habían sido utilizadas por enfermos con viruela entre los nativos norteamericanos matando hasta 50% de las tribus afectadas. Con el descubrimiento de la vacuna contra la viruela por Edward Jenner y el siguiente desarrollo de vacunación, la amenaza potencial de utilizar la viruela como arma biológica disminuyó considerablemente.

El establecimiento de los postulados de Koch y el desarrollo de la microbiología moderna han permitido el aislamiento y producción de arsenales de agentes infecciosos. En el siglo XX existe evidencia de que el ejército alemán desarrolló un programa para la creación de armas biológicas durante la Primera Guerra Mundial. El Bacillus Anthracis o Burkholderia mallei fueron usados por los alemanes para contaminar ganado vacuno que fue exportado a Rusia.

Japón también desarrolla armas biológicas para destrucción masiva durante su ocupación en Manchuria, desde 1932 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, bajo la dirección de Shiro Ishii. La unidad 731 era la base para la creación de armas biológicas y los experimentos eran llevados a cabo en prisioneros chinos. La unidad 731 fue responsable de epidemias con Vibrio cholerae, Shigella spp., B. anthracis y Y. Pestis en diversas regiones de China. Específicamente, pulgas contaminadas con Y. pestis fueron dispersadas mediante aviones y se les considera responsables de múltiples brotes de plaga en China.

Durante la Segunda Guerra Mundial prisioneros en campos de concentración Nazis fueron expuestos a Ricketsia prowazekii, al virus de la hepatitis A y Plasmodium spp, con el objetivo de crear sulfonamidas y vacunas contra estas infecciones. Sin embargo, no existe evidencia alguna de que estos experimentos fueron llevados a cabo para la creación de armas biológicas por parte del Gobierno de Adolf Hitler.

En Estados Unidos (EEUU) la producción de armas biológicas comienza en 1942 en Fort Detrick con la producción de 5000 bombas que contenían esporas de B. Anthracis. A pesar de que no existe evidencia de la utilización de estas bombas durante la Segunda Guerra Mundial, en el periodo de la posguerra la creación de un vasto arsenal de armas biológicas en EEUU se fortalece con la incorporación de científicos japoneses de la unidad 731. Específicamente, este programa tiene importantes avances durante la guerra contra Corea (1950-1953). En los años siguientes a esa guerra, el gobierno de EEUU es acusado en múltiples ocasiones de la utilización de armas biológicas durante el conflicto. Por su parte, EEUU acusa a la Unión Soviética de la utilización, en lugares como Laos (1975), Kampuchea (1979) y en Afganistán (1979), de micotoxinas producidas por Fusarium spp (lluvia amarilla) y que actúan bloqueando la síntesis de ADN en células humanas.

La tensión generada en estos años de la Guerra Fría entre Rusia y EEUU, sobre la base de los alegatos acerca de la producción y uso de armas biológicas, lleva a la  reacción de una Convención Internacional, en 1972, para la prohibición del desarrollo, producción y almacenamiento de armas biológicas. El tratado que resultó de dicha convención se firmó por más de 100 países incluyendo EEUU y la Unión Soviética.

En 1970, el presidente Richard Nixon “detiene” la producción de armas biológicas en EEUU, y concluye con la “destrucción total” de dicho arsenal en 1972. A pesar de la ratificación del tratado por la Unión Soviética, la sospecha internacional de la continua producción de armas biológicas por el gobierno soviético se incrementa debido a una epidemia de ántrax en abril de 1979 entre civiles que viven cerca de una base militar en Sverdlovsk, Rusia. Esta epidemia ocasionó la muerte de 66 individuos por infección con B. anthracis. A pesar de la sospecha de la liberación no intencional de la base militar, el gobierno ruso negó el incidente y reportó que las muertes se debieron a la ingesta de carne contaminada con ántrax obtenida en el mercado negro ruso. En 1992, el Presidente Boris Yeltsin reconoció que el brote de ántrax en Sverdlovsk fue ocasionado por la liberación no intencional de una planta militar que era parte del continuo programa de creación del arsenal biológico en Rusia.

Otro Estado que, se considera, desarrolló un ambicioso programa para la elaboración de un gran numero de armas biológicas es Irak. Después de la guerra del Golfo Pérsico, oficiales iraquíes admitieron haber desarrollado un programa que incluía la producción de toxina botulínica, rotavirus, aflatoxinas, micotoxinas y ántrax como agentes de destrucción masivo. Reportes de los servicios de inteligencia sugieren que se produjeron aproximadamente 19 000 litros de toxina botulínica que se sabe serían suficientes para matar a la humanidad entera. No existe hasta este momento evidencia alguna de que ninguno de estos agentes fuera utilizado durante la guerra del Golfo Pérsico. Debido a la presión internacional, el Gobierno de Irak ha notificado la destrucción de su arsenal de armas biológicas; no obstante, dudas bien fundamentadas de organismos internacionales obligaron a la destrucción de plantas de producción de armas biológicas por la Comisión de Seguridad de las Naciones Unidas.

En las últimas décadas, grupos de fanáticos religiosos han utilizado de manera intencional agentes infecciosos para ocasionar daño entre la población. En 1984 en una población del Estado de Oregon, EEUU, un culto religioso de seguidores del gurú Bhagwan Shree Rajneesh contaminaron restaurantes, supermercados y depósitos de agua con Salmonella typhimurium ocasionando 751 casos de gastroenteritis.

 El objetivo de este grupo religioso era evitar la participación de la gran mayoría de la población, de ese lugar en las elecciones de comisionados, pues ello afectaría la adquisición de un rancho donde se establecería un centro religioso. Asimismo, en Japón en 1995, el culto terrorista Aum Shinrikyo, responsable de la liberación intencional del gas Sarín en el tren subterráneo de la ciudad de Tokio, intentó por lo menos en ocho ocasiones distintas, ataques con ántrax. Afortunadamente ninguno de ellos resultó exitoso. Los eventos del 11 de septiembre pasado, aunados al brote de casos de ántrax cutáneo y por inhalación en EEUU, sugieren que la posibilidad del bioterrorismo es una realidad en el nuevo milenio. Entre el 4 de octubre y el 23 de noviembre de 2001, el Centro de Prevención y Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) ha confirmado un total de 11 casos de ántrax por inhalación y siete de ántrax cutáneo en EEUU, como resultado de la utilización de B. anthracis como arma biológica. La mayoría de los casos se han asociado epidemiológicamente con el sistema postal de ese país. Estos desafortunados eventos en la población civil en EEUU han determinado una respuesta del sistema de salud pública a través de sistemas de vigilancia epidemiológica activa y de información a todo el personal de salud para estar alerta en la identificación de posibles brotes epidémicos.

Particularmente, el CDC recomienda que el personal de salud esté alerta para el reconocimiento de enfermedades que pudieran estar asociadas con  la liberación intencional de agentes biológicos. La dispersión de un agente infeccioso puede no tener efectos inmediatos debido a los distintos periodos de incubación de cada uno de los agentes. Los eventos que sugieren la dispersión intencional de agentes biológicos incluyen: a) casos que ocurran en grupos de personas que hayan acudido a algún evento público; b) grupos de pacientes que se presenten con síntomas y signos que indiquen un proceso infeccioso, por ejemplo dos o más pacientes con una parálisis flácida no explicable por otras razones, especialmente si ocurre en personas previamente sanas; c) signos y síntomas de un proceso infeccioso en grupos de edad no característica; por ejemplo, un brote de varicela en adultos y d) signos de disfunción del tallo cerebral como disfagia, disartria, diplopía en dos o más pacientes que pudieran sugerir la dispersión intencional de toxina botulínica.

La utilización de armas biológicas a escala global ya no es hoy en día, una amenaza teórica sino una realidad cuyo potencial destructivo es extremadamente elevado. Entre los agentes que debemos poder reconocer como potenciales agentes de bioterrorismo, además del bacilo de ántrax se encuentran la infección por Yersinia pestis (plaga o peste), la Variola mayor (viruela), la toxina botulínica (botulismo), la infección por Francisella tularensis (tularemia), y las fiebres hemorrágicas ocasionadas por los filovirus (Marburg y Ebola) y por el grupo de los arenavirus como Lassa (Fiebre de Lassa).

En vista del incumplimiento histórico de diversos gobiernos a los tratados internacionales para la destrucción y eliminación del arsenal de armas biológicas, unido a los eventos de los últimos meses en los EEUU, nos vemos obligados a confrontar, desafortunadamente, una nueva etapa en la historia de la salud pública en el mundo. La hipotética consideración de que un paciente que llega a urgencias con fiebre y tos no es ya un simple caso de neumonía sino un posible caso de bioterrorismo hace que la amenaza de la utilización de armas biológicas con potencial de destrucción masiva sea cada vez menos lejana.

Esto obliga a una nueva perspectiva de los sistemas de salud pública en este milenio. En esta nueva era los sistemas de salud pública deben estar preparados para responder a la amenaza de la utilización de armas biológicas desde múltiples enfoques. Para empezar se requiere del establecimiento de sistemas de vigilancia epidemiológica que proporcionen información en tiempo real y de una intensa educación del personal de salud y de la población general. La identificación de posibles brotes de enfermedades infecciosas y el desarrollo de planes de emergencia para el aislamiento, prevención de la diseminación y tratamiento de los casos constituyen medidas importantes de prevención secundaria. A un nivel de prevención terciaria, es importante prevenir la invalidez de las personas que sufrieron a consecuencia de los actos de bioterrorismo.

 

Conclusiones:

Haciendo una sinopsis, podríamos decir que existen dos formas de utilización de armas biológicas:

-Uso estratégico: eliminar o invalidar a la población o fuerzas militares para ocupar un territorio                                                                                                                        

-Bioterrorismo: con el principal fin de producir terror(objetivos políticos)

Como hemos podido comprobar a lo largo de la historia:

               -El uso de armas biológicas es antiguo.

               -Es difícil de controlar.

               -Los antecedentes más recientes sugieren un uso del terrorismo más   estratégico.

 

 

3.GÉRMENES QUE PUEDEN SER USADOS COMO ARMAS BIOLÓGICAS

 

Según el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, Atlanta) los gérmenes susceptibles de ser utilizados como armas, podrían clasificarse en tres categorías en función de su capacidad de transmisión, y su posible mortalidad. El primer grupo (categoría A) serían los agentes más peligrosos, entre los que se encuentra el ya popular ántrax:

       -CATEGORÍA A: ántrax o carbunco(Bacillus anthracis); toxina del botulismo(Clostridium botulinum); peste(Yersinia pestis); viruela(Variola major); tularemia(Francisella tularensis)

       -CATEGORÍA B: fiebre Q(Coxiella burnetti); brucelosis(diversas especies de Brucella); muermo(Burkholderia mallei)

        -CATEGORÍA C: fiebre amarilla; tuberculosis multirresistentes; enfermedades víricas transmitidas por garrapatas(fiebres hemorrágicas y encefalitis)

Por otro lado, la OTAN estudió los agentes biológicos con capacidad para ser usados como armas biológicas, seleccionando a un total de 31. Entre ellos también destacan el ántrax y la viruela.

 

Por desgraciada actualidad, hagamos un rápido comentario acerca del ántrax:

ÁNTRAX:

Este es el nombre general que se da a la infección por la bacteria Bacillus anthracis, aunque es más correcto usar el nombre de carbunco. La característica que hace que esta bacteria sea especialmente interesante como arma biológica es la formación de esporas. Las esporas poseen una pared muy resistente, y las podemos considerar como formas de resistencia o de letargo en la vida de la bacteria; Cuando las condiciones ambientales no sean las adecuadas para la vida del germen, las esporas permanecerán sin actividad biológica hasta que esas condiciones vuelvan a ser favorables para su desarrollo. De la resistencia de estas estructura nos da una idea el hecho de que después de 40 años de haber acabado la Segunda Guerra Mundial, se encontraron esporas viables en la isla de Gruinad, donde Gran Bretaña experimentó el uso del ántrax como contramedida a una posible invasión nazi de su territorio.

El ántrax afecta generalmente al ganado pero también puede presentarse en el ser humano; Con cierta frecuencia en los que están en contacto directo con estos animales, siendo considerada casi como una enfermedad profesional típica de pastores, ganaderos, empleados de mataderos, etc.

Según la vía por la que entra el germen en el organismo podemos encontrar tres formas de la enfermedad: La cutánea, la gastrointestinal y la respiratoria.

La cutánea, llamada también "pústula o edema maligno" es la más frecuente en el hombre, y la más benigna. Sin tratamiento su mortalidad es escasa, y prácticamente nula si se inicia se administra penicilina (o otros antibióticos) de forma adecuada.

La forma gastrointestinal es muy poco frecuente puede producirse cuando se ingiere una elevada cantidad de esporas con la comida o la bebida. Y decimos puede producirse porque son necesarias otras condiciones, como la presencia de fisuras en la superficie del tubo digestivo que favorezca la diseminación de la infección.

El carbunco pulmonar (o “enfermedad de los cardadores de lana”) es la forma más grave, y la que cabe esperar cuando se utiliza como arma biológica y el paciente ha inhalado las esporas del germen. Los síntomas iniciales pueden ser similares a los del resfriado común. Después de varios días, si no ha habido tratamiento, los síntomas pueden complicarse y se presentan trastornos graves de la respiración, hipotensión y shock. En el 50% de pacientes no tratados puede desarrollarse también meningitis.

Tratamiento: Como en cualquier enfermedad el iniciar el tratamiento correcto a la menor brevedad de tiempo es fundamental para el éxito del mismo. En el caso del carbunco, los antibióticos de elección son fármacos tan clásicos como la penicilina (el primer antibiótico que se descubrió), la estreptomicina, o las tetraciclinas (en concreto la doxiciclina). Por supuesto hay otros tratamientos posibles entre los que destaca el ciprofloxacino (y demás miembros de la familia de las fluorquinolonas).


El hecho de que dispongamos una amplia variedad de antibióticos para el tratamiento del carbunco es una gran ventaja a la hora de contrarrestar un posible acto terrorista. Incluso si se utilizasen variedades (como las obtenidas por la antigua URSS) que fuesen resistentes a algunos de ellos sería muy difícil llegar a seleccionar una cepa insensible a tan amplia gama de medicamentos.

Medidas de prevención: El desarrollo y aplicación masiva de vacunas para el ganado ha hecho que el carbunco pase de ser una enfermedad habitual en algunos ambientes como los rurales, a ser una enfermedad casi desconocida. Esta vacunación también es posible en humanos, aunque actualmente sólo hay un fabricante que dispone de la misma (BioPort Corporation, Lansing, Michigan.) y los especialistas solo recomiendan la vacunación en personas de alto riesgo como:

También es posible utilizar los antibióticos citados anteriormente como medida preventiva, pero sólo cuando ya ha habido exposición a las esporas del Bacillus. Sería el caso de los compañeros de trabajo de una persona con carbunco declarado, cuando se sospecha que el foco de infección es el lugar de trabajo. En ningún caso está justificado la toma de antibióticos cuando no ha habido exposición, como un sustituto de la vacunación. Las razones son numerosas y algunas muy fáciles de entender. Digamos que la principal razón por la que no está justificado el uso de antibióticos de forma sistemática para prevenir un ataque bioterrorista, es que facilitaría el contacto de estos antibióticos con las bacterias patógenas habituales en nuestro medio. Este contacto facilitaría el desarrollo de cepas de bacterias resistentes a los antibióticos. Si ocurriese esto, en cierto sentido, los bioterroristas habrían obtenido su objetivo. Introducir en nuestra sociedad gérmenes muy peligrosos, difíciles de tratar, y potencialmente mortales.

Algo sobre la tecnología

-La producción de esporas no es muy compleja: similar a la producción de vacunas, antibióticos o cerveza.

-Requiere aerosolización

-La diseminación masiva aérea requiere equipos militares: no es posible diseminarlo con métodos similares a la fumigación industrial, pues no se producen partículas pequeñas. Tampoco la explosión sirve ya que incineraría el agente.

 

RESTO DE AGENTES BIOLÓGICOS:

No nos entretendremos más en ver exhaustivamente cada uno de ellos. Basta decir que la viruela se declaró erradicada en 1980 y no ha sido utilizada como arma terrorista en la historia reciente. Del botulismo destaca que ha sido utilizado(sin resultados) como aerosol en Japón en tres ocasiones entre 1990 y 1995. Y finalmente, las pestes o plagas(peste bubónica, plaga septicémica primaria, plaga neumónica) han sido utilizadas a lo largo de la historia con fines bélicos en dos ocasiones: en la II Guerra Mundial(Japón arrojó pulgas infectadas sobre China causando epidemias) y en la Guerra Fría(se desarrolló un aerosol logrando prescindir de las pulga.

 

4.BIOTERRORISMO  Y ARMAS BIOLÓGICAS

Es el siglo XXI el siglo en el que el bioterrorismo se ha convertido en la más terrible de las amenazas, ya que es en este siglo en el que se han conseguido los mayores avances en ingeniería genética. Y es cierto que alterar los genes de agentes infecciosos para conferirles capacidades mortíferas se ha convertido, según algunos expertos en genética molecular, en un simple juego de niños. El genoma es un inmenso libro que contiene las instrucciones de todos los procesos que tiene lugar en un organismo vivo, desde un germen a un ser humano.

Con las herramientas disponibles en estos momentos, se puede determinar qué genes de un patógeno le hacen resistente a los tratamientos y cuáles le proporcionan virulencia. Con un simple cortar y pegar, eso sí, con instrumentos biotecnológicos altamente especializados, se puede alumbrar un nuevo agente candidato a convertirse en una sofisticada arma bioterrorista.

Basta con extraer del ADN de una bacteria el gen que contiene la característica buscada, por ejemplo un gran potencial infectivo, copiarlo e introducirlo en el genoma de otra que es letal, pero muy poco contagiosa. La recién nacida suma las características de sus progenitoras: capacidad para matar y para propagarse.

¿Tratamiento o arma?. Son las dos caras de una misma realidad: la genómica. Esta disciplina nacida de la mano de la información disponible sobre el genoma de multitud de organismos, entre los que está incluido el ser humano, así como de los avances biotecnológicos, dan un gran impulso al desarrollo de la biociencia y a sus aplicaciones en medicina, pero abren también la puerta trasera a la creación de armas con un gran poder de destrucción.

Los especialistas en armamento biológico advierten de los peligros de un mal uso de esta ciencia que permite jugar con los genes como si se tratara de piezas de un puzzle con multitud de combinaciones posibles.

A principios de 1999, Craig Venter, uno de los padres del proyecto del Genoma Humano, paralizó un plan cuyo objetivo era la creación de una bacteria partiendo de piezas de ADN. El argumento para tomar esta decisión fue que además de ser un intento de hacer el papel de dioses, se temía que la bacteria sintética pudiera ser utilizada por grupos terroristas para crear armas.

A pesar de que el uso de compuestos químicos o biológicos para la defensa o el ataque frente al enemigo es una práctica con muchos siglos de antigüedad(como ya hemos visto), el diseño de proyectos específicos para su aplicación en los conflictos bélicos no comenzó hasta la Primera Guerra Mundial. La utilización de gases venenosos durante esta contienda supuso la primera generación de guerra química.

La Segunda Guerra Mundial inauguró otra etapa con programas más sofisticados de investigación basados en los conocimientos científicos y el periodo de la Guerra Fría engendró lo que sería una tercera generación de armamento biológico que se nutrió de las técnicas de ingeniería genética disponibles en ese momento.

El avance de las ciencias biológicas nos permite dejar de hablar de ciencia-ficción, y pasar a hablar de una realidad más que probable en un futuro no muy lejano. La sofisticación de las técnicas actualmente disponibles puede dibujar escenarios como el descrito por un grupo de investigadores estadounidenses en la publicación de un estudio sobre las amenazas biológicas aparecido en 1999. Estos científicos aventuran que, en el futuro, será posible incorporar el ADN de un virus dentro del genoma de una población humana determinada. El mencionado virus podría, según los autores del trabajo, permanecer inactivo hasta que recibiera una señal. La orden vendría dada por un cambio de temperatura o por la ingestión de un determinado compuesto introducido en la alimentación de las personas infectadas. Tras recibir el mensaje, el virus comenzaría a replicarse y desplegaría su arsenal infectivo. Algo así como una bomba por control remoto.

En el colmo del armamento biológico, se podría llegar incluso a diseñar “armas biológicas racistas”. La secuencia completa del genoma humano permitirá tener acceso a más de un millón de los llamados polimorfismos de un sólo nucleótido (SNP, sus siglas en inglés). Se trata de pequeñas variaciones en la secuencia de ADN que en ocasiones determinan un comportamiento distinto del individuo que porta esa diferencia, por ejemplo que metaboliza más lentamente un fármaco.

Algunos de los SNPs ya identificados son específicos o más frecuentes en un grupo étnico determinado. La hipótesis de estos investigadores es que se pueden crear agentes capaces de atacar selectivamente a los individuos que portan en su carga genética ese polimorfismo. La forma de funcionamiento sería similar a la de una llave que sólo abre una puerta.

Ante una situación como la actual cabe preguntarse por qué no se han tomado o se toman medidas que impidan que hechos como los descritos lleguen a producirse. Esta pregunta no es nueva. Joshua Lederberg, premio Nobel de Medicina en 1958 por sus descubrimientos en el campo de la genética, dijo en una reunión sobre desarme de las Naciones Unidas celebrada en 1970: «es indudable que existe el potencial para diseñar y desarrollar agentes infecciosos mediante la manipulación genética ante los que no hay defensa posible».

En este mismo periodo un oficial estadounidense declaró que su gobierno tenía pruebas de que los programas de armamento biológico se habían multiplicado por tres en los últimos años. Estos datos unidos a los evidentes efectos sobre la población del uso de agentes tóxicos durante los conflictos bélicos condujeron a la creación en 1972 de la denominada Convención sobre Armas Biológicas y Toxinas. El mencionado organismo está integrado por 160 países y liderado por EEUU, Gran Bretaña y la antigua Unión Soviética.

La Convención comenzó su andadura en 1975 y su primera actividad fue el establecimiento de una prohibición total del desarrollo, producción y almacenamiento de sustancias que pudieran convertirse en armas de destrucción masiva. Sin embargo, los propios responsables de la Convención consideran que la ausencia de una buena organización, así como la falta de medidas eficaces para el control, ha provocado que se dé una sucesión de trasgresiones de los dictados por parte de algunos estados miembros.

En los años 70 se sospechaba que la URSS y los países aliados habían utilizado una toxina conocida como lluvia amarilla en sus campañas en Camboya y Afganistán. Cuando se constituyó la actual Rusia, los nuevos dirigentes admitieron ante la comunidad internacional que la antigua Unión Soviética había mantenido las actividades para el desarrollo de armamento biológico hasta 1992. Desde la década de los 80 se vienen sucediendo los episodios de bioterrorismo provocados por grupos de distinta índole. Los atentados van desde la contaminación de comida en restaurantes hasta el intento de soltar esporas de ántrax en una ciudad como Tokio.

En 1995 las Naciones Unidas consiguieron acceder a las actividades de Irak para la producción de bombas biológicas. Finalmente en 2003, EEUU entra en guerra con Irak, con la principal justificación de no creer que éstos se hayan deshecho de todo su armamento biológico de destrucción masivo. Por otra parte, los servicios de Inteligencia tienen información de que son numerosos los países que tienen todavía en marcha trabajos para crear armamento bacteriológico. De ahí las llamadas de atención de los especialistas para hacer efectiva la labor de la Convenció sobre Armas Biológicas y Toxinas.

 

Mención aparte requiere EEUU, dada la cruda actualidad, con el reciente conflicto de Irak:

Como todo el mundo sabe, EEUU ha justificado esta injusta guerra sosteniendo la posesión ilícita de armas de destrucción masiva del pueblo irakí. Ahora bien, ¿cuáles son los países que cuentan con los sofisticados laboratorios, costosas técnicas y equipos para modificar genéticamente bacterias como el ántrax, o hongos como el Fusarium?. No podemos cegarnos por la estrategia publicitaria norteamericana, que pretende justificar la intervención armada en Irak, bajo la estrategia del bioterrorismo, sin preguntarnos antes,  ¿cuáles países y quiénes se benefician del desarrollo de armas biológicas?.  

Las empresas estadounidenses, líderes en este campo, MesoSystems Technology, y InnovaTek (Richland), surgen durante la Guerra del Golfo. Inicialmente eran fondos públicos los que sustentaban los programas de investigación, orientados al desarrollo de armas biológicas para fines de “defensa” únicamente. Sin embargo, las perspectivas de ganancias han sido tan interesantes, que para 1997, son capitales privados los que financian estos trabajos. Pero, ¿quién controla las investigaciones privadas y cómo evitar que estas investigaciones lleguen a manos equivocadas?.

 Ante esta situación, la preocupación por resolver de alguna manera, el problema de la prevención, desarrollo y utilización de armas biológicas, podría ser a través de la cooperación internacional, mediante el fortalecimiento de los instrumentos de control de armas.  Pero en el ámbito de la política internacional, Estados Unidos ha optado por debilitar las propuestas que desde hace 6 años de negociaciones  buscan concluir con un Protocolo de Verificación del Convenio de Armas Biológicas y Tóxicas (CABT).

 En este marco, Estados Unidos manifestó en Ginebra, su desacuerdo en desarrollar sistemas justos y transparentes de control de exportaciones para prevenir que la tecnología de armas biológicas llegue a manos equivocadas.   

El Convenio de armas biológicas incluye a: Yersinia pestis (plaga bubónica), tularemia, fiebre del valle, Coxiella burnetii (fiebre Q), encefalitis equina oriental, ántrax y viruela.  El protocolo propone crear un sistema de inspección obligatoria a las instalaciones de biotecnología,  donde se establezcan los mismos derechos a todos los países.  Pero Estados Unidos optó por proteger los intereses privados, la inversión biotecnológica y las ganancias que esta industria genera, sobre el interés público.  

Además de todo esto, EEUU practicó la guerra biológica en Corea, en 1951 y 1952, y llegó a experimentar con su propia población dispersando gérmenes sustitutos (de menor o nula patogenicidad) para observar la diseminación de microbios en una población civil atacada. Precisamente, fue el conocimiento público de esta metodología lo que obligó a Nixon a cancelar oficialmente el proyecto en 1969. Sin embargo, la cancelación fue formal porque en la reunión de julio de 2001 de la Convención de Armas Biológicas, fue EEUU el único que se opuso al proyecto de control: “A nuestro entender, el borrador del proyecto podía poner en riesgo la seguridad nacional y la información confidencial” alegó Donald Mahaley, representante norteamericano.

 

Para completar el panorama, en la quinta conferencia quinquenal que se realizó en diciembre de 2001 en Ginebra, los EEUU quisieron poner término a las negociaciones en curso, pidiendo, a través del subsecretario de Estado para el Control de Armas y Asuntos de Seguridad Internacional John R. Bolton, el fin de los mandatos de los Estados signatarios, lo que implicaba el naufragio de la Convención.

 

Sin embargo, se ha denunciado que la actitud estadounidense se origina en la existencia en ese país de varios programas de investigación que quieren proteger del control. Entre estos estudios se encuentran: a) investigación de los efectos de dispersión de bombas bacteriológicas; b) producción de una variante de ántrax resistente a las vacunas. Varios diplomáticos occidentales presentes en la Conferencia han sostenido que esos ensayos están en flagrante violación del tratado. Especialmente se consideró que el desarrollo de una variante alterada del bacilo del ántrax no puede ser considerada “arma defensiva” como sostiene EEUU.

De lo anterior es lícito deducir que EEUU tiene información y desarrollos que ocultar al respecto.

 

Por otro lado, cuando se habla de programas de desarrollo de armas biológicas los medios de comunicación oficiales intentan hacer creer que sólo son los países del mundo oprimido, principalmente islámicos, los que los tienen, y ocultan que los programas y los desarrollos más elevados están en: EEUU, Rusia, China, Gran Bretaña, Japón, Canadá, Israel y Taiwán (esta última a instancias de los norteamericanos). 

 

Como decíamos en la introducción, hablar de bioterrorismo y no de guerra biológica es una falacia que tiene varios fines: 

1. Ocultar la responsabilidad principal de las potencias imperialistas en la guerra biológica, pasada y presente

2. Definir un enemigo lo suficientemente borroso que permita justificar los planes de agresión de esas potencias, principalmente de EEUU, pero no de manera excluyente. De esta manera, la cruzada antiterrorista fue utilizada por los Estados Unidos para “justificar” sus apetitos estratégicos en Irak y, como ya lo han advertido, también en Irán, Indonesia, Corea del Norte, Somalia, e incluso Colombia, ubicando al ubicuo enemigo adonde quieran expandirse. A Rusia le permitirá ubicarlo en Chechenia, justificando el genocidio de ese pueblo. A China, en los musulmanes de Xinjiang en el límite con Afganistán, Tayikistán, Kirguistán, etc. Por supuesto también permitirá justificar la represión interna allí donde los pueblos se resistan a los planes de las potencias opresoras, en sus propios países o en sus dependencias.

3. Generar un clima de “psicosis” interna (como el que surgió en Estados Unidos a partir de la aparición de contagios de ántrax)

 

 

Y si la muerte de niños, mujeres y hombres inocentes y desarmados es deleznable en cualquier parte del mundo, debe decirse, simultáneamente, que los primeros y principales terroristas y bioterroristas son los imperialistas de las grandes potencias, particularmente los EEUU.

 

 

Por otra parte, en cuanto a la consideración de las armas biológicas como particularmente criticables, resulta imposible saber que es más horrible: ¿Las armas biológicas o las bombas nucleares como la de Hiroshima? ¿O las bombas de fragmentación (bombas racimo) que se están arrojando en Irak y que provocarán víctimas civiles en las próximas décadas? ¿O las bombas con material radiactivo arrojadas en Somalía y Kosovo, de cuyos efectos nos enteramos porque afectaron a los soldados italianos y norteamericanos lo que nos permite imaginar los resultados sobre la población sobre la cual se utilizaron?.

 

Así pues, el verdadero motivo de la guerra de EEUU contra Irak es un motivo meramente económico: Asistimos al agravamiento y la generalización de la crisis económica mundial iniciada en julio de 1997, que alimenta la inestabilidad y la crisis  política en numerosos países y nutre un curso impredecible de guerra. Este se abrió con la agresión de EEUU y la OTAN contra Yugoslavia, continuó con la invasión de Rusia a Chechenia y ahora ingresa a una peligrosa escalada con la guerra contra Irak.

EEUU busca asegurarse el control de una zona de importancia económica y estratégica. Se trata de un área que se encuentra en el camino entre el Asia Central y el Golfo Pérsico, camino obligado de salida al mar por una parte, y por otro lado, de pasaje hacia Pakistán y la India. Además, Irak está próximo a las mayores áreas de producción de petróleo y gas del mundo: el Medio Oriente y el área del Mar Caspio.

 

Las grandes potencias tienen un interés vital en la zona. La explotación de las reservas de petróleo y gas del Caspio y las del propio Irak exigen la construcción de oleoductos y gasoductos. EEUU quiere construir los oleoductos a través de Irak hacia el Indico como la forma más barata, sencilla y controlable. Además quiere excluir de ese juego a Irán, en quien no confía. Para Japón el petróleo a través del Indico sería más barato.

Por otro lado, Irak es un nexo entre Irán y China, países que podrían amenazar a EEUU tanto en el Golfo como en el Índico, particularmente si se alían a Rusia.

Por otra parte, China se plantea ser superpotencia para el 2020, según sus documentos. Es por eso que EEUU se propone ahora seguir la lucha “con­tra el terrorismo” en Corea del Norte (con el fin de completar el cerco a China) y en Irak, mientras apoya a la derecha israelí contra Palestina, buscando consolidar su control sobre el petróleo del Medio Oriente. Para esa operación Estados Unidos tienta a Rusia, país que ya dio bases para los bombarderos norteamericanos que atacaban Irak, e información estratégica sobre los talibanes. Y ahora, para el tipo de guerra que se propone el Pentágono contra Irak, la inteligencia estratégica rusa es fundamental.

 

 

Rusia considera como propios los recursos de Asia Central y teme la influencia musulmana en esas zonas. Por eso ha apoyado a la Alianza del Norte y actuó junto a EEUU. Ahora, las negociaciones de Bush y Putin son seguidas con recelo en Pekín, y también en Berlín y París.

A mi modo de entender, lo que está claro es que se están definiendo las alianzas hacia una Tercera Guerra Mundial.

 

 

 

Dejando atrás la criticable postura de EEUU acerca de la posesión e investigación de armas biológicas, volvamos a hablar de bioterrorismo. Éste se encuentra de cruda actualidad en nuestro siglo debido, como ya hemos dicho, a los avances de la ingeniería genética en las últimas décadas.

La baraja de posibilidades que se abre en la fabricación de nuevas armas biológicas, es tan grande, que inclusive se podrían clonar toxinas selectivas para eliminar grupos raciales o étnicos específicos, cuya composición genética les predispone a ciertas enfermedades.

Y ya no sólo hablemos de bioterrorismo sino también de guerra biológica, la cual se puede desatar en el momento en que dos países entren en conflicto militar. Los organismos utilizados pueden ser virus, bacterias, hongos, riquetsias y protozoos. Considerando que estos agentes mutan, se reproducen, se multiplican sobre grandes espacios geográficos, por medio del viento, el agua, los insectos, los animales y por transmisión humana, el control de los mismos es prácticamente inviable, incluso para el país que los lance, aunque haya desarrollado vacunas(ya que no olvidemos la posibilidad de mutación del organismo).¡Se trata de armas totalmente incontrolables!.

 

 

 

Hagamos ahora una reseña del bioterrorismo  y de las guerras biológicas en el cine de ciencia-ficción:

Es ahora, en estas últimas décadas, en paralelo al auge de estos temas, cuando han surgido en el cine películas acerca de los mismos. Hagamos mención de las más interesantes:

 

-“12 MONOS”(1995):en ella, cinco millones de personas mueren a causa de un virus letal en el año 1997. los supervivientes abandonan la superficie de la Tierra, viviendo en el subsuelo de la misma. De nuevo, los animales vuelven a dominar el mundo. Un grupo de investigadores crean una máquina del tiempo y envían al protagonista al pasado, justo antes de la propagación del virus, para buscar información acerca del mismo y de su propagador.

 

-“ESTALLIDO”(años 90): un terrorífico virus, más devastador y mortífero que el ébola, llega a una ciudad de EEUU a través de un chimpancé africano(güesped) objeto del tráfico ilegal de animales. Esta película constituye una crítica del gobierno estadounidense en cuanto que en ella se muestra la posesión de EEUU tanto de laboratorios, como de centros de investigación de armas biológicas. EEUU teniendo el antídoto desde el comienzo de la propagación del virus en la ciudad, prefiere permanecer impasible a pesar de la muerte de multitud de personas para conseguir la mutación del mismo y conseguir así una nueva cepa aún más resistente para conservarla como posible arma biológica. En esta película también aparece el carácter incontrolable de este tipo de armas, escapándosele al Pentágono  la situación de sus manos, viéndose obligada a borrar del mapa la ciudad con todos los infectados dentro para erradicar la plaga.

 

 

 

COMENTARIO DEL AUTOR:

No se trata  de hacer propaganda apocalíptica ni mucho menos, pero existe una expresión que he oído más de una vez que reza lo siguiente: “El hombre acabará con el propio hombre”.

Esta locución toma en nuestros tiempos una dimensión mucho más creíble y cercana. Lo primero que puede acabar con la humanidad, antes incluso que cualquier catástrofe natural, es la propia humanidad. Esto, será una realidad mientras existan personas capaces de utilizar armas biológicas o nucleares, ya sean terroristas o combatientes de una guerra, bien por motivos económicos o bélicos, bien por falta de cordura.

 La humanidad entera ha de tomar conciencia del terrible peligro que la utilización de estas armas supone. Como es imposible que todos los seres humanos opinen de esta forma, el miedo siempre estará ahí, entre nosotros. No se trata de vivir atemorizados, no, pero tampoco de caer en la más absoluta indiferencia.

Espero que este trabajo sirva, al menos, de reflexión para aquellas personas que decidan leerlo. Si consigo esto, sólo esto, estaré más que satisfecho.

Desde aquí me uno a la protesta en contra tanto de EEUU, como principal investigador y fabricante de armas biológicas, como de el resto de países que tengan en su poder tales armas. De igual modo condeno el terrorismo, y más todavía si cabe, el bioterrorismo.

Finalmente quisiera dar las gracias a José y Bartolomé, profesores de la asignatura de libre elección Ciencia y ciencia-ficción, por la creación de la misma. Ha sido, sin duda, de las asignaturas de libre elección que he cursado por el momento la más interesante, y de la que más he aprendido. Desde aquí también les animo a que continúen con ella en cursos posteriores para que pueda ser disfrutada por más alumnos.